HOARD'S DAIRYMAN EN ESPAÑOL          

La Revista Lechera de Vanguardia

Septiembre 2017, No. 273

   


¿Usa usted secuestrantes para pollos o para vacas?


       Si usted es criador de pollos, lo entendemos, pero si es criador de vacas lecheras, hay una alta probabilidad de que esté cometiendo un grave error. Esto simplemente porque los pollos no son iguales a las vacas, el divertículo esofágico (buche), el proventrículo (estómago glandular) y el estómago muscular (molleja) nunca serán iguales al rumen, retículo, omaso y abomaso de las vacas.

       La situación es todavía más difícil de comparar cuando nos referimos a especies de monogástricos, por ejemplo los cerdos, que, desde luego, tienen un solo estómago y el intestino grueso, aunque mucho más desarrollado que el de las vacas, no es equiparable ni en su función ni en su capacidad fermentativa al rumen de las vacas lecheras.

       Entonces, parafraseando la pregunta del encabezado de este artículo: ¿Le daría usted productos para aves o cerdos a sus vacas? ¿Le daría usted un producto para vomitar (un emético) a una vaca? Desde luego que no, las vacas no vomitan, ya que la regurgitación del contenido del rumen es una función normal e indispensable para ellas.

       Hay numerosos ejemplos tragicómicos, por decirlo así a falta de una palabra más adecuada, cuando se usan productos en una especie para la que no están diseñados. Por ejemplo, si le damos monensina, un producto ionóforo de uso rutinario en ganado lechero, a caballos, pues simplemente les provocamos la muerte. Otro ejemplo es dar un anticolinérgico, un producto para detener la motilidad intestinal (los movimientos peristálticos) a las becerras, con esto sólo aceleramos su muerte, pues el intestino de las becerras con diarrea generalmente está flácido, no tiene movimientos peristálticos.

       Pero entre los numerosos ejemplos que podríamos seguir citando de la extrapolación de productos entre especies, el que se lleva el primer lugar es, sin lugar a dudas, el del uso en rumiantes, específicamente en vacas lecheras, de secuestrantes de micotoxinas desarrollados para pollos y cerdos. Esto no tendría importancia si no fuera por la eficacia limitada, nula o contraproducente, que pueden tener esos productos para resolver el problema de la presencia de micotoxinas (toxinas producidas por hongos microscópicos, de una sola célula, también llamados mohos) en el alimento ofrecido al ganado bovino.

       No se necesita ser un experto o erudito para entender que las investigaciones de las que alardean los fabricantes de esos secuestrantes han sido realizados en otras especies distintas a la vaca lechera. Los mismos nombres que utilizan los delatan, por ejemplo al deoxinivalenol, una toxina del grupo de los tricotrecenos, producida por el hongo Fusarium graminearum (Gibberella zeae) y ocasionalmente por otras especies, fue llamado vomitoxina por los primeros investigadores que estudiaban el problema en cerdos. Bueno, pues les tenemos malas noticias a los que quieren extrapolar los hallazgos de cerdos a bovinos. Las vacas, como apuntamos líneas arriba, no vomitan, sino que rumian y esa es una parte vital de su fisiología. Si la vaca no rumia, se muere; pero si un cerdo vomita, con frecuencia también se muere. Tal vez por esa razón ya casi nadie utiliza el nombre de vomitoxina para esta micotoxina, sino que prefieren llamarle deoxinivalenol o simplemente DON.

       Otro ejemplo altamente elocuente de estas extrapolaciones entre especies es la mención de la ocratoxina en los secuestrantes de micotoxinas en las etiquetas y folletos publicitarios de productos que fueron desarrollados originalmente en pollos. La ocratoxina, o mejor, dicho, las ocratoxinas, son moléculas de pentaquétidos formados con dihidroisocumarina ligada a beta fenilalanina y son un grupo de toxinas producidas por hongos del género Aspergillus (principalmente por A. ochraceus), aunque también la pueden producir ocasionalmente otras especies de Aspergillus e incluso algunas especies del género Penicillum. De estas, la más importante es la ocratoxina A. ¿Pero la pregunta aquí es: ¿Importante para quien? Nuevamente les tenemos malas noticias a los fabricantes de secuestrantes de micotoxinas para otras especies, en este caso, los que tienen productos para pollos: Los microbios ruminales destruyen el 100% de las ocratoxinas que pudieran estar presentes en el alimento.

       Para no prolongar demasiado esta discusión sobre errores garrafales en la extrapolación a rumiantes de conocimientos surgidos en investigaciones en otras especies, mencionaremos por último a las fumonisinas, en especial la fumonisina B1, que es producida por hongos del género Fusarium, en especial Fusarium verticilloides (aunque también puede ser producida por otras especies). La información científica sobre esta micotoxina es verdaderamente alarmante, pues produce leucoencefalomalacia… en caballos y el síndrome de edema pulmonar… en cerdos. La pregunta que haría entonces un ganadero productor de leche sería: “¿Y eso qué tiene que ver con mis vacas?”. La respuesta correcta es absolutamente nada, ya que para que se presenten problemas causados por esta micotoxina se requieren niveles verdaderamente absurdos en el alimento, que tendría que estar forzosamente echado a perder. Ningún productor de leche daría a su ganado lechero alimento tan deteriorado.

Usando investigaciones en pollos y cerdos para promover ventas en ganado bovino.

       Si el productor de leche, el nutricionista de ganado lechero, o el médico veterinario especialista en bovinos examinan con cuidado la evidencia que presentan las empresas que comercializan algunos secuestrantes para micotoxinas para promover sus productos, se darán cuenta que se basan en experimentos realizados en el laboratorio (“in vitro”) o en animales vivos (“in vivo”), desde luego, principalmente en aves y cerdos. Con esa información convencen a los productores que sus productos son insuperables.

       No tendría nada de malo si esa información fuera igualmente válida para las vacas lecheras, pero ese no es el caso por diversas razones, entre las que destacan las siguientes:

       1.- El rumen es un sistema biológico único en donde pulula una gran cantidad de microbiota (bacterias y protozoarios) que fermentan el alimento y lo modifican para su propio metabolismo. Más de la mitad de las micotoxinas que ingiere un bovino adulto son neutralizadas por los microorganismos ruminales.

       2.- Las interacciones de los microbios ruminales con las micotoxinas dependen del tiempo de permanencia del alimento en el rumen. A mayor tiempo de permanencia, mayor neutralización de micotoxinas. Se ha comprobado que algunas substancias tienen la capacidad de acelerar el efecto neutralizador de las micotoxinas, estas substancias no están presentes en los secuestrantes desarrollados para pollos y cerdos.

       3.- El rumen es un sistema dinámico que requiere la formación de un “tapete” de fibra que flota en el líquido ruminal y que es regurgitado para su remasticación durante la rumia. El propósito de la rumia es reducir el tamaño de las partículas de alimento para que se precipiten al fondo del rumen y pasen al abomaso o estómago verdadero. Los secuestrantes a base de arcillas como zeolitas o aluminosilicatos funcionan por adsorción física (adherencia) a la superficie de sus partículas y por eso se requiere suplementarlos en el alimento en grandes dosis. Cuando la presencia de estas arcillas en el rumen es excesiva, las arcillas se precipitan al fondo del rumen, esto sucede simplemente por su mayor gravedad específica. A mayor velocidad de paso de la ingesta por el rumen, mayor será la cantidad de arcillas precipitadas al fondo del rumen. A diferencia de lo que ocurre con las partículas de forraje y otros ingredientes normales de la ración, las arcillas precipitadas al fondo del rumen no pasan por completo al abomaso, sino que una parte de ellas se queda en el piso del rumen. La acumulación progresiva de zeolitas en el fondo del rumen provoca paraqueratosis ruminal (achatamiento de las vellosidades) y formación de microabscesos causados por bacterias que quedan atrapadas. Las consecuencias de la paraqueratosis ruminal son disminución de la eficiencia de mezclado del alimento en el rumen, abscesos metastáticos en hígado y pulmón y ocasionalmente en otros órganos, reduciendo la productividad de los animales e incluso, en algunos casos, provocando la muerte por complicaciones como la trombosis de la vena cava posterior.

       4.- Finalmente, algunas zeolitas secuestran algo más que micotoxinas, también se llevan por delante nutrientes valiosos como vitaminas y minerales.

       5.- La mayoría de los secuestrantes de micotoxinas que hay en el mercado no tienen un espectro de acción lo suficientemente amplio como para ser eficaces para inactivar a las micotoxinas más importantes económicamente en bovinos.

Celtic Z® un secuestrante de micotoxinas desarrollado exclusivamente para bovinos.

       La tecnología aplicada en los productos utilizados como secuestrantes de micotoxinas ha evolucionado a lo largo de los años. Primeramente aparecieron las arcillas, que fueron los secuestrantes de primera generación. No obstante, debido a las complicaciones señaladas en párrafos anteriores, la mayoría de los especialistas calificados ya no recomiendan su uso en la actualidad, o por lo menos en las dosis que son necesarias para que sean eficaces.

       Al surgimiento de las arcillas como secuestrantes de micotoxinas le siguió el desarrollo de los mananooligosacáridos, unas moléculas de las paredes de levaduras que han demostrado consistentemente mejor actividad neutralizadora de estas toxinas en comparación con las zeolitas. Esos fueron los secuestrantes de segunda generación, pero su empleo ha despertado muchos cuestionamientos por su baja eficacia cuando el rumen es inestable (por diversos factores, como la alta velocidad de paso de la ingesta por el rumen) y en otros casos por su precio (aunque esa es una razón no válida si se toman en cuenta las pérdidas causadas por las micotoxinas).

       Posteriormente vinieron las combinaciones de zeolitas con mananooligosacáridos (MOS). Estas combinaciones ofrecen la ventaja de que no es necesario utilizar dosis tan grandes de arcillas, con lo que se evita su precipitación al fondo del rumen y se amplía el espectro de acción al incluir los MOS. Estos fueron los secuestrantes de micotoxinas de tercera generación y estuvieron en la fórmula original de Celtic®Z. Su eficacia fue comprobada en el campo en decenas de miles de vacas altas productoras a lo largo de diez años en las cuencas lecheras más importantes de México, principalmente en La Laguna (en los Estados de Coahuila y Durango) y en Delicias, Chihuahua.

       Sin embargo, eso no ha concluido las investigaciones sobre la eficacia de los secuestrantes de micotoxinas en rumiantes, y en muchas partes del mundo se siguen ensayando combinaciones para desarrollar secuestrantes de cuarta generación. Por ejemplo, recientemente (Journal of Dairy Science, vol 98, no. 4, páginas 2545-2554) investigadores del Instituto de Ciencia Lechera de Zhejiang, China, desarrollaron un secuestrante de cuarta generación para bovinos que incluía una mezcla de montmorillonita de sodio, levaduras vivas, cultivo de levaduras y mananooligosacáridos con vitamina E y encontraron que el secuestrante redujo la cantidad de aflatoxina M1 en la leche, pero sólo cuando el alimento contenía un nivel bajo de aflatoxina B1 (AFB1). Cuando se aumentó el nivel de AFB1 en el alimento, el secuestrante no tuvo efectos. No obstante, el secuestrante incrementó la concentración de superóxido dismutasa en la sangre y redujo los niveles de malondialdehido (indicando disminución del estrés oxidativo).

       La experiencia citada en el párrafo anterior ilustra lo complejo que es el secuestro apropiado de micotoxinas en rumiantes y la variedad de factores que hay que tomar en cuenta. A lo largo de una década de investigaciones en Celtic Holland la fórmula de Celtic®Z, nuestro secuestrante de micotoxinas, también ha venido evolucionando para desarrollar un secuestrante verdaderamente específico para bovinos.

       En la actualidad Celtic Zeta es el único secuestrante de cuarta generación con eficacia comprobada en bovinos vivos (in vivo) en miles de vacas lecheras, y su empleo les ha reportado a los productores resultados consistentes en disminución de la cuenta de células somáticas y de problemas de inmunodepresión, aumento en el contenido de grasa de la leche, reducción en los problemas de abortos y repetición de calores, sin efectos adversos de secuestro de nutrientes valiosos como minerales o vitaminas y sin provocar problemas de paraqueratosis ruminal.

       Por su fórmula única patentada, Celtic Zeta contiene ingredientes que no posee ningún otro secuestrante de micotoxinas. En Celtic Z también pensamos en los microbios ruminales y los hemos puesto a trabajar para incrementar su actividad neutralizadora de micotoxinas. Otra ventaja importante de nuestra fórmula actual es que está diseñada para estimular el apetito de la vaca.

       Para concluir, señor ganadero productor de leche, le queremos repetir la pregunta: ¿Usa usted secuestrantes para pollos o para vacas?


01/05/2015

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