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El estrés calórico es dañino para sus vacas
Suplementar con vitaminas B protegidas puede ayudarles.

Soporte Técnico, Investigación y Desarrollo Jefo Nutrition Inc., St-Hyacinthe, Quebec, CA hleclerc@jefo.ca
Autora: Hélène Leclerc, MSc.

  Las vacas lecheras son muy susceptibles al estrés calórico y la manera que tienen para adaptarse es reduciendo la producción de leche. La mitad de esa reducción se debe al decremento en el consumo de materia seca; la otra parte corresponde a los cambios que ocurren en el metabolismo al reducir la disponibilidad la glucosa en la glándula mamaria para favorecer a otros tejidos; la disminución en la rumia y en la absorción de nutrientes, así como un incremento en los requerimientos de mantenimiento para disipar el calor (Baumgard et al., 2012).
  Aunque se realicen maniobras de manejo para reducir el efecto del estrés calórico, las pérdidas económicas relacionadas con este fenómeno llegan a ser cercanas a un billón de dólares en Estados Unidos (St-Pierre, 2003). Estas pérdidas se deben a la baja en la producción de leche, grasa y pobre desempeño reproductivo.


¿A qué temperatura podemos identificar que las vacas están sufriendo por estrés calórico?

  La herramienta llamada índice Temperatura-Humedad (THI, por sus siglas en inglés), fue diseñada para identificar cuando el estrés calórico puede afectar el desempeño de las vacas lecheras. Temperatura y humedad deben ser consideradas ya que en conjunto pueden tener peores efectos. Un ejemplo, con un THI de 68 que es una temperatura de 23oC y una humedad de 40% (Figura 1.). La temperatura y la humedad se deben medir dentro del corral donde están los animales y no solo usando la referencia de las estaciones climáticas locales. El máximo impacto en la produción de leche ocurre entre las 24-48 horas después del estrés calórico y la duración del estrés calórico tiene impacto en el desempeño reproductivo y en el tiempo de recuperación.
  Estos animales estresados no movilizarán tejido graso para cubrir la demanda de energía para la producción de leche, aunque el consumo de materia seca se reduzca y no se cubran los requerimientos (Tao et al., 2016).

El estrés calórico en las vacas secas tiene un impacto negativo tanto en el desempeño de la madre como del becerro.
  El desarrollo de la glándula mamaría durante el periodo seco se compromete cuando las vacas sufren estrés calórico impactando directamente el desempeño productivo en la siguiente lactancia (Tao et al., 2011). Un resumen de varios estudios realizados bajo condiciones de estrés calórico durante todo el periodo seco resultó en un decremento en la producción de leche de casi 4 kg al día en la siguiente lactancia. Cuando el estrés calórico solo ocurrió durante el periodo de reto, la reducción en la producción de leche fue de 2.2 kg al día (Tao et al., 2011).
  Los becerros nacidos de vacas que enfrentaron estrés calórico durante el periodo seco tendrán un menos peso al nacer y menor peso y altura a los 12 meses de edad. Estas vaquillas quedarán preñadas a mayor edad y requerirán más servicios por concepción que vaquillas que sus madres no sufrieron estrés calórico al final de su gestación. El rendimiento se reducirá en 5 kg por día en la primera lactancia de estas vaquillas por los primeros 245 días en leche (Dahl et al., 2016).

Estrés calórico antes y durante el periodo de inseminación afectará el desempeño reproductivo de las vacas y de su progenie.
  Cuando las vacas sufren de estrés calórico la expresión de calores se reduce, debido a una disminución en la producción de estradiol, así como la calidad de los ovocitos. La baja calidad del óvulo puede influir en la viabilidad del embrión (Santos, et al., 2011). El desarrollo temprano del embrión hasta los 6 días se afecta cuando la temperatura corporal de la vaca alcanza los 38. 9˚C (Hansen et al., 2012). Esto explica la baja tasa de concepción y preñeces que se observa en los meses de verano, cuando las vacas sufren estrés calórico. Le tomará los siguientes 40 a 60 días tras recuperarse del estrés para regresar a una fertilidad normal.
  Estudios recientes muestran una asociación entre el estrés calórico durante la inseminación y la producción de leche de la progenie. La futura producción de leche de las vaquillas nacidas de vacas con estrés calórico durante toda la gestación fue entre 82 a 399 kg más baja que vaquillas hijas de vacas en un ambiente termoneutral (Rhoads, 2017).

¿Qué podemos hacer para reducir el estrés calórico en las vacas lecheras?
  Utilizar sistemas de enfriamiento, reducir la densidad de población en los corrales son algunas herramientas de manejo que ayudan a reducir el estrés calórico durante el verano. Proporcionar agua limpia junto con algunos ajustes nutricionales aliviarán el riesgo de reducir el desempeño productivo.
  La suplementación con vitaminas del complejo B protegidas en la dieta durante el periodo de transición y de lactancia es también benéfico para reducir el impacto del estrés calórico. Las vitaminas B son nutrientes esenciales que tienen funciones específicas en el metabolismo de la energía y la proteína, dentro de la respuesta inmune, el desarrollo folicular y la supervivencia embrionaria. Algunas vitaminas B como la biotina (B8), cobalamina (B12), ácido pantoténico (B5) y la riboflavina (B2) son también cofactores enzimáticos importantes involucrados en la síntesis de glucosa, que ocurre en el hígado. La función hepática es crucial y vitaminas B como el ácido fólico (B9), B12 y colina son nutrientes involucrados en los mecanismos que reducen la infiltración de grasa en el hígado.


Alimentar con vitaminas B protegidas mejora la producción de leche y el desempeño reproductivo en condiciones de estrés calórico.

  Un incremento en la producción de leche y componentes, junto con una mejora en la eficiencia alimenticia se observó en la lactancia temprana en vacas que se suplementaron con una mezcla especifica de vitaminas B protegidas durante el verano en California (ácido fólico, piridoxina, ácido pantoténico y biotina) (Sacadura et al., 2008).
  Se realizó un estudio en el norte de México durante el verano, donde el desempeño reproductivo es drásticamente impactado por el estrés calórico; se mostró una mejora en el desempeño reproductivo cuando la ración se suplementó con una mezcla de vitaminas B protegidas durante el periodo de lactancia (Leclerc et al., 2016) (vea Figura 2.).


01/03/2018

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