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Creando la vaca invisible

por Reagan Bluel. Servicio Extensionista de la Universidad de Missouri


La vaca invisible es aquella que solo se ve tres veces al año: en el parto, en la reproducción y luego nuevamente en el secado. Es una vaca que entra, produce y genera ganancias. Kirby Krogstad de la Universidad Estatal de Ohio, realizó una investigación sobre esta vaca invisible para comprender mejor los factores que la hacen posible.

Krogstad y su colega de investigación trabajaron con un grupo de aproximadamente 900 vacas para registrar las asociaciones entre la calificación de condición corporal (CCC), el cambio en CCC y la hipercetonemia (HIC) con mastitis, reproducción y producción de leche, tres factores clave para el éxito de los hatos lecheros modernos. La hipercetonemia está relacionada con la movilización de grasa para respaldar la lactancia, pero también puede ocasionar una serie de problemas adicionales. ¿Cómo podemos adelantarnos a esta situación para prevenir la HIC y, por lo tanto, mejorar el desempeño de nuestras vacas?

La vaca en transición ha sido objeto de estudio durante mucho tiempo, ya que se reconoce que una transición exitosa generalmente se traduce en una lactancia exitosa. La prueba de beta-hidroxibutirato (BHB) en sangre de la vaca es asequible y fácil de usar, permitiendo identificar rápidamente vacas cetóticas que enfrentan dificultades en la primera semana de lactancia. Muchos productores han implementado el monitoreo de vacas recién paridas para identificar la gravedad del problema y tomar decisiones de tratamiento. Sin embargo, todo ese esfuerzo en pruebas, tratamientos y expectativas, ¿funciona realmente? Incluso si identifica una vaca con dificultades y la trata con la dosis común de propilenglicol, ¿qué probabilidades hay de que aún con eso, falle?

Todas las vacas del estudio fueron analizadas para BHB entre los días tres y siete de lactancia, considerándose con HIC aquellas con BHB de al menos 1.2 milimoles por litro (mmol/L) y tratadas con propilenglicol si resultaban positivas. El estudio no analizó el efecto del tratamiento, sino que evaluó las asociaciones entre la enfermedad, la producción de leche y la fertilidad con la incidencia de HIC y la dinámica del CCC.

Los efectos del BHB

El dicho “Lo bajará con la leche” se refiere a la facilidad con la que la vaca lechera convierte la grasa en energía cuando la ingestión es limitada. A medida que se moviliza la grasa, puede oxidarse completamente y convertirse directamente en energía para la lactancia o bien, oxidarse parcialmente, lo que da lugar a la formación de cetonas. Estas cetonas se acumulan en la sangre y generan hipercetonemia (HIC). En el hato lechero norteamericano, la ocurrencia de HIC varía entre el 10% y el 30%. Sin embargo, Krogstad recomendó los siguientes valores de referencia para HIC en su hato durante la primera semana de lactancia:

10% o menos en vacas de segunda lactancia
20% o menos en vacas de tercera lactancia en adelante

La pérdida de gestación, definida como una vaca confirmada preñada al día 30 que después aparece abierta a los 60 días, está asociada con niveles elevados de BHB y cambios en la calificación de condición corporal (CCC).

“Existe un aumento lineal en la pérdida de gestación con la disminución del CCC. Las vacas que perdieron más de 0.375 unidades de CCC al inicio de la lactancia fueron cinco veces más propensas a perder el feto”, explicó Krogstad.

“Capturamos un efecto de gran magnitud en los datos”, describió Krogstad. “Es una biología muy convincente. Durante un evento de balance energético negativo, observamos daños en el desarrollo del óvulo y el blastocisto, lo que disminuye su viabilidad para llegar a término. Simplemente, la vaca aún no está lista”.

Curiosamente, no se encontró una asociación entre la CCC y mastitis, pero sí hubo una relación significativa entre la mastitis y la HIC. Las vacas con hipercetonemia tuvieron un 35% más probabilidades de desarrollar mastitis. Eso no significa que todas las vacas con sobrepeso contraerán mastitis, pero sí indica un mayor riesgo. Existe una clara explicación biológica para esta observación: el BHB se une a un receptor celular específico, que puede alterar la función inmunológica. Por lo tanto, cuando el sistema está saturado de BHB, las células del sistema inmune pueden tener una menor capacidad para combatir enfermedades como la mastitis.

La vaca madura con tres o más lactancias, que presentó niveles de BHB superiores a 1.2 mmol/L mostró una tendencia a reducir la producción de leche en 5.4 kg diarios por vaca, en comparación vacas sin HIC. Esto es especialmente importante de reconocer, ya que se está intentando alargar la supervivencia dentro del hato.

El momento más crítico para monitorear los niveles de BHB es la primera semana de lactancia. La lipólisis ocurrirá, pero el momento en que sucede es clave y tiene matices importantes. Una lipólisis saludable ayuda a la vaca a atravesar su período de máxima producción sin contratiempos. Para la segunda semana, generalmente la producción de leche ha aumentado y los niveles altos de BHB pueden estar asociados con una mayor producción de leche. Sin embargo, cuando el BHB está elevado durante la primera semana, antes de que la producción de leche sea alta, esto sugiere que la vaca ha reducido su consumo de alimento y está en mayor riesgo de enfrentar problemas.

Las vacas delgadas (con CCC menor a 2.75) al inicio de la lactancia tuvieron un 80% más probabilidades de ser desechadas. Aquellas que perdieron 0.75 unidades o más en CCC fueron 1.8 veces más propensas al desecho. Esto se alineó con los resultados de HIC, que mostraron que por cada aumento de 1 mmol/L en BHB, el riesgo de desecho aumentaba en un 70%.

Quizás el viejo dicho de “más vale prevenir que curar” sea aplicable en este caso. Krogstad nos recuerda la importancia de encontrar la CCC ideal y mantenerla estable. Se recomienda mantener el hato dentro de un rango de 3 a 3.5, evitando pérdidas mayores a 0.25 unidades a la vez. Con el tiempo, esta práctica de manejo ayudará a generar más “vacas invisibles” en su hato.

Usted puede encontrar la investigación completa en inglés, en el Journal of Dairy Science o escuchar el podcast de Dairy Science Digest.



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