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Mirando la transición escondida

por Maggie Gilles. Productora de leche de Kansas.


Existe bastante literatura y numerosas investigaciones acerca del periodo de transición. A menudo, se define como las tres semanas previas y las tres posteriores al parto. Se trata del periodo más estresante en la vida de una vaca ya que, además del parto, se inicia la lactancia. Nos enfocamos intensamente en ese intervalo debido los problemas que se presentan en esa etapa. Sin embargo, las vacas experimentan muchas transiciones a lo largo de su vida que también pueden incrementar el estrés y aumentar el riesgo para la aparición de enfermedades.

Una de ellas, discutida en un artículo reciente del boletín Buckeye Dairy News, es la transición de la lactancia hacia el periodo seco.

“Al seleccionar vacas genéticamente superiores y alargar la persistencia de la lactancia, incrementando así la producción de leche en la fase tardía, hemos creado una situación que no es independiente del proceso de producir leche y que tendrá impacto sobre la siguiente etapa: el periodo seco”, explicó Elizabeth Plunkett, investigadora de posgrado en la Universidad Estatal de Ohio.

Los efectos más notorios en vacas en lactancia que entran en el periodo seco, se observan como es lógico, en el sistema mamario. La Organización Mundial de Calidad de la Leche (NMC) recomienda que las vacas produzcan no más de 15 kg de leche al momento del secado. Se ha demostrado que niveles más altos de producción afectan negativamente la involución mamaria y aumentan el riesgo de goteo de leche, inflamación e infecciones.

“Estos desafíos plantean una pregunta importante: ¿cómo podemos, mediante el manejo, preparar a la glándula mamaria para la involución y asegurar una transición exitosa al periodo seco en vacas de alta producción?”planteó Plunkett.

La investigación sugiere que lo más efectivo es un plan de dos componentes. Primero, restringir parcialmente la energía de la dieta y, segundo, reducir la frecuencia de ordeño. La mayor eficacia se logra cuando ambas estrategias se aplican de manera conjunta.

“La combinación de una restricción moderada del alimento y una disminución en la frecuencia de ordeño ha demostrado reducir eficazmente la producción de leche en vacas al final de la lactancia. La restricción alimenticia disminuye la cantidad de glucosa disponible para la glándula mamaria y reduce la expresión de transportadores de glucosa en las células secretoras mamarias”, explicó Plunkett.

La restricción del alimento, o la reducción del nivel energético suministrado a las vacas que se están secando, induce cambios hormonales y puede disminuir la producción de leche entre un 40% y un 60%, según Plunkett.

Por otro lado, el aumento en el intervalo entre ordeños envía señales a la glándula mamaria para reducir la captación de glucosa y disminuir receptores proteicos clave involucrados en la síntesis de lactosa. “Continuar desafiando los protocolos existentes y reconocer la influencia biológica que ejercemos durante estos periodos de transición, que pueden determinar el éxito o fracaso de la siguiente lactancia, ayudará a impulsar el éxito de nuestra industria”, concluyó Plunkett.


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