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El ruido que no se puede oír

por Mike Opperman. Black Dirt Communications


Si entra en la sala de ordeño, hay mucho ruido. Pero también existe “ruido” a nuestro alrededor que no podemos escuchar. Ese ruido invisible, generado por la electricidad y los campos magnéticos, puede convertirse en un problema y ser un costo silencioso en los establos lecheros, debido a fallas en los equipos y alteración de datos.

Esta interferencia invisible puede afectar el funcionamiento de ciertas tecnologías. Se trata de equipos en los que ha hecho una inversión importante y que necesita que operen al máximo para lograr la eficiencia deseada.

Esta interferencia puede provenir de diversas fuentes. Los motores eléctricos de los ventiladores del establo generan interferencia. Las luces fluorescentes, fluorescentes compactas o LED también pueden emitir interferencias de alta frecuencia. Además, los dispositivos electrónicos utilizados en la sala de ordeño, los sistemas informáticos y los sensores pueden crear campos electromagnéticos de alta intensidad, incluidos los collares con baterías que se utilizan para el monitoreo de actividad y la automatización del ordeño. Para empeorar la situación, el acero y otros objetos metálicos dentro del establo y la sala de ordeño actúan como transmisores y amplifican el nivel de interferencia.

Este ruido invisible puede generar suficiente interferencia como para impedir una lectura precisa del arete de identificación por radiofrecuencia (RFID). En consecuencia, podrían presentarse lecturas erróneas por parte del equipo de ordeño o que la puerta de selección no identifique al animal.

Cada vaca que no es detectada por la puerta de selección pierde una intervención importante. Si se pierde una aplicación de un protocolo como Ovsynch, un empleado deberá buscarla para administrarle la inyección, generando un estrés que pudo haberse evitado. Si no se localiza, aumentarán sus días abiertos y afectará el cumplimiento de los protocolos. Todo este trabajo adicional eleva los costos de mano de obra y reduce la eficiencia. Además, la frustración aumenta cuando usted se da cuenta de que pagó por una tecnología que no está cumpliendo su función.

La interferencia electromagnética no tiene por qué ser un problema. Un técnico puede analizar su sistema para evaluar cómo se propaga la longitud de onda del sistema de identificación electrónica existente y configurar un nuevo sistema que opere en longitudes de onda opuestas. Esto puede ser complicado si la tecnología que intenta integrar no permite acceso a información clave.

Otra opción es utilizar Bluetooth. No es como el Bluetooth de un teléfono celular: esta tecnología utiliza Bluetooth con ángulo de llegada. Esto permite identificar el momento en que un animal está entrando en un área determinada, como una puerta de selección, y reaccionar en consecuencia, ya sea desviándolo hacia un corral de manejo o permitiendo que regrese a su lote. Cuando se utiliza Bluetooth, no importa qué otros sistemas estén operando en la sala de ordeño, ya que funciona de manera diferente.

Los problemas que puede ver o escuchar son los más fáciles de solucionar. Son los que no se ven los que pueden ser más significativos, ya que ocurren sin ser detectados. Contar con un profesional que analice su operación para definir un “mapa tecnológico” y configurar los nuevos equipos para que operen a su máximo rendimiento, le ayudará a evitar problemas y a obtener el mejor retorno de su inversión.


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