

La Sociedad Internacional en Tecnología de Embriones informó que, desde 2020, el número de embriones bovinos producidos in vitro en Norteamérica ha ido más allá del doble, en comparación a valores anteriores a esa fecha. En Estados Unidos, se producen anualmente más de un millón de embriones in vitro. Este rápido crecimiento refleja el impulso acelerado hacia el progreso genético en la población lechera global. Sin embargo, el volumen por sí solo no garantiza el éxito, por esa razón Sofía Ortega y su equipo de la Universidad de Wisconsin se enfocaron en evaluar si la genética de la donadora influía sobre el desarrollo embrionario y el establecimiento de la gestación.
Históricamente, el proceso in vitro ha estado limitado por la producción de embriones de calidad estándar oro, Grado 1. “La forma en que podemos mejorar el número de embriones Grado 1 y la tasa de éxito después de la transferencia, ha sido una cuestión clave para mí”, comentó Ortega en el podcast Dairy Science Digest.
Para encontrar respuestas, el equipo colaboró y analizó registros de producción y transferencia de embriones proporcionados por PEAK Genetics (URUS Group) vinculando cada donadora con sus valores genómicos de fertilidad (según las evaluaciones del Consejo de Reproducción de Ganado Lechero, CDCB). El conjunto de datos incluyó más de 4,200 procedimientos de producción de embriones y cerca de 11,000 transferencias, constituyendo uno de los análisis más amplios basados en datos de la industria.
El estudio se centró en dos características genómicas clave de fertilidad: la tasa de preñez de las hijas (TPH) y la tasa de concepción de vaquillas (TCV). Ambos aspectos han formado parte de las evaluaciones genéticas durante casi dos décadas y, a pesar de su baja heredabilidad, la selección por valores más altos ha mejorado consistentemente el desempeño reproductivo en los hatos.
Más preñeces, más becerras
El hallazgo principal es claro: seleccionar donadoras con alto mérito genético para fertilidad resulta en más embriones que logran establecer la gestación y, en consecuencia, más becerras nacidas vivas. Esto se observó en todas las etapas, desde el desarrollo embrionario hasta la gestación a los días 30, 60, y hasta el parto. Las donadoras con mayores valores de TPH y TCV produjeron más embriones en estadio de blastocisto por colecta. Cada incremento de una unidad en TCV se asoció con una mejora del 2.97% en la tasa de blastocistos y cada unidad de TPH con una mejora del 1.88%. Además, las donadoras con alto TCV mostraron tendencia a producir más embriones Grado 1, incluso en condiciones in vitro, con una mejora estimada del 13.6% en comparación con donadoras de bajo TCV. “Queremos becerras nacidas vivas. La genética que mejora la calidad embrionaria es una forma de lograrlo”, afirmó Ortega.
El embrión lleva la ventaja
Quizá el hallazgo más novedoso del estudio es que los embriones con mayor mérito genético para fertilidad (con base en el promedio parental de la donadora y el semental) tienen mayor capacidad para establecer y mantener la gestación, independientemente de la receptora. Los embriones con alto TCV incrementaron las tasas de gestación al día 30 tanto en vaquillas como en vacas receptoras. Al final de la gestación, estos embriones tendieron a producir más becerras, ese resultado también se observó con embriones de TPH alta.
Decisiones orientadas a la rentabilidad
El resultado final: más becerras nacidas vivas.
En conclusión, es recomendable seleccionar donadoras con altos valores de fertilidad para mejorar la tasa de éxito. Puede esperarse alrededor de un 50% de tasa de gestación con embriones in vitro si tanto el semental como la donadora presentan valores genéticos de fertilidad altos.
“Estas características de fertilidad influyen tanto en el número de embriones producidos como en su éxito tras la transferencia”, concluyó Ortega. “Al final del día, todos queremos becerras nacidas vivas y seleccionar donadoras y sementales con alto mérito genético para fertilidad es una herramienta clave para lograrlo”.
Estos hallazgos fueron resumidos en un artículo revisado por pares en el Journal of Dairy Science. Para más información, puede consultarse el podcast mensual Dairy Science Digest.

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