

Podría decirse que uno de los temas más debatidos, investigados y analizados en el manejo de establos lecheros es: ¿Cuál es la edad adecuada para el primer parto? Y con justa razón, ya que el parto marca el inicio del retorno de la inversión realizada en la crianza de las vaquillas. Dicho de otra manera, es el momento en que se comienza a “cosechar” esa inversión, como señaló recientemente Kirby Krogstad, en el boletín Some Udder Thoughts de la Universidad Estatal de Ohio.
En su artículo, Krogstad destacó la investigación realizada por Michael Overton y publicada en el Journal of Dairy Science que analizó a más de 100,000 vacas Holstein para profundizar sobre este tema tan debatido.
En su base de datos, que incluía a más de 100,000 animales, Overton encontró que la mayoría (el 73% de las vaquillas) tuvo su primer parto entre los 22 y 24 meses de edad, como era de esperarse. Además, el estudio encontró que una mayor edad al primer parto se asociaba con una mayor producción de leche proyectada a 305 días (es decir, por lactancia individual) alcanzando su nivel máximo a los 26 meses de edad. Por otro lado, también analizó la producción acumulada de leche (suma de todas las lactancias) que fue máxima en las vaquillas que tuvieron su primer parto a los 23 meses de edad. En contraste, conforme aumentaba la edad al primer parto, también se incrementaba el porcentaje de animales que morían o eran vendidos.
Krogstad presentó el análisis económico incluido en el trabajo de Overton, como se muestra en la gráfica. El ingreso estimado de los animales que tuvieron su primer parto entre los 21 y 23 meses de edad promedió aproximadamente 5,050 dólares y empezó a disminuir después de los 23 meses. El punto más bajo del estudio se observó en las vaquillas que tuvieron su primer parto a los 27 meses, con un ingreso neto de 4,388 dólares.
Krogstad señaló que, de acuerdo con su interpretación, un parámetro razonable para la edad al primer parto es de 23 meses, ya que permite acercarse al punto “ideal” para maximizar los ingresos a lo largo de la vida productiva de la vaquilla, al mismo tiempo que se reduce la probabilidad de resultados negativos después del parto.


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