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Vigile la competencia por el agua a medida que aumenta la temperatura

por Kylene Anderson. Editora de Hoard’s Dairyman


Esta es la época del año en la que hay que estar atentos al estrés calórico. Un informe reciente del Instituto Miner sugiere abordarlo desde una perspectiva adicional: en lugar de centrarse únicamente en la producción de leche y la frecuencia respiratoria, observe el comportamiento del hato para determinar si el agua se ha convertido en un recurso por el que las vacas compiten.

Para reducir la producción de calor metabólico y favorecer su disipación, las vacas sometidas a estrés calórico consumen más agua. Un estudio de la Universidad de Columbia Británica encontró que, a medida que aumentaba el índice de temperatura y humedad (ITH) las vacas visitaban los bebederos con mayor frecuencia, permanecían más tiempo en ellos y consumían más agua. Además, hubo un incremento notable en las interacciones agresivas entre los animales. La investigación también identificó los niveles de ITH a partir de los cuales estos comportamientos se intensificaban: alrededor de un ITH de 64 a 65 (aproximadamente entre 18 y 20 °C, con humedad moderada). Esto significa que los cambios de comportamiento pueden aparecer antes de que se reflejen pérdidas en la producción o de que se manifiesten los signos más evidentes del estrés calórico. El artículo también señala que los animales más afectados por el acceso limitado a los recursos suelen ser las vacas subordinadas, ya que son más difíciles de observar que sus compañeras dominantes.

El estudio encontró que las vacas subordinadas modificaban el horario en que acudían a beber durante los periodos de ITH elevado, probablemente, debido a que las vacas dominantes concentraban la mayoría de sus visitas a los bebederos en ese momento. Las vacas menos competitivas retrasaban su consumo de agua hasta las últimas horas de la tarde o por la noche, cuando el ITH había disminuido y era más fácil acceder al bebedero sin competir por un lugar. La principal conclusión es que tener acceso al agua no es lo mismo que tener agua realmente disponible. Un corral puede contar con el espacio recomendado para los bebederos, pero si los animales más dóciles no los utilizan, especialmente cuando el ITH alcanza sus valores máximos, ese espacio pierde gran parte de su utilidad. Según el autor, este mismo fenómeno también ocurre en el comedero y, cuando el estrés por calor alcanza su punto máximo, estos cambios en los patrones de actividad pueden afectar tanto el consumo de alimento como las oportunidades de enfriamiento de las vacas.

Para reducir la vulnerabilidad de las vacas menos dominantes, los productores deben prestar atención a la densidad de aglomeración, recordando que, a medida que aumenta el ITH, las actividades de ingestión de agua y alimento tienden a concentrarse en periodos más cortos del día. Los especialistas recomiendan contar con dos puntos de suministro de agua por corral y proporcionar aproximadamente 7.5 a 10 cm de perímetro de bebedero por vaca. Lo ideal es que los bebederos se ubiquen cerca de las áreas de alimentación y de las salidas de la sala de ordeño. Asimismo, deben mantenerse limpios y con un suministro constante de agua, prestando especial atención durante las olas de calor, cuando el consumo de agua aumenta de forma considerable. También, conviene reforzar otras prácticas de manejo, como empujar frecuentemente el alimento para que quede al alcance de las vacas, y considerar el suministro de alimento fresco durante las horas de menor temperatura en el día. Vigile si hay aglomeraciones inusuales alrededor de los bebederos, cambios en los patrones de echado después del ordeño y observe con especial cuidado a los animales más tímidos del hato.


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