
¿Cómo podemos prevenir infecciones por Mycoplasma en nuestras becerras?
Minnesota K.T.
A pesar de su reciente reclasificación y cambio de nombre, de Mycoplasma bovis a Mycoplasmopsis bovis (M. bovis), este patógeno sigue siendo un dolor de cabeza para los productores. La condición que lo vuelve extremadamente complicado es que carece por completo de pared celular, esa característica le permite esconderse en el tejido del hospedador y evitar las defensas inmunes ordinarias.
En becerras, M. bovis generalmente se presenta como una neumonía persistente, orejas caídas o cabezas ladeadas, además de infecciones del oído medio (otitis media) y articulaciones hinchadas y con dolor. En vacas adultas, provoca mastitis crónica grave, artritis y problemas reproductivos. Debido a que esta bacteria no tiene pared celular, antibióticos como penicilina, ampicilina y ceftiofur simplemente no funcionan, haciendo que, una vez que la becerra se enferma, el tratamiento se vuelva una batalla difícil.
Dicho esto, no se debe concluir que cualquier caso con orejas caídas y articulaciones inflamadas es siempre M. bovis. Otros microorganismos comunes como Pasteurella multocida, Streptococcus o Trueperella pyogenes pueden verse idénticos, así que es crítico realizar un análisis de laboratorio antes de cambiar los protocolos de vacunación o el tratamiento antibiótico.
Llegar a un diagnóstico claro, requiere trabajo de laboratorio especializado. Los cultivos bacterianos estándar, a menudo no identifican Mycoplasma, porque crece muy lentamente y requiere un medio de cultivo específico. Las pruebas de reacción de polimerasa en cadena (PCR) de alta sensibilidad, junto con un monitoreo vía PCR de muestras de tanque de leche o de suero, son su mejor opción para obtener una respuesta definitiva.
Los mayores factores de riesgo para que se presente un brote en su hato son: introducir ganado sin evaluación previa, corrales aglomerados, flujo de aire deficiente y suministrar leche de desecho cruda o calostro de vacas infectadas. Las vacas que estén diseminando M.bovis en secreciones uterinas y vaginales después del parto, aportarán una carga bacteriana importante al material de cama del corral de maternidad, generando un riesgo alto de infección para las becerras recién nacidas y otras vacas en periodo de parto. La diseminación de animales infectados puede durar de semanas a meses y podría persistir en el ambiente durante meses, especialmente en condiciones de frío, humedad y arenosas.
La mejor línea de defensa es evitar la diseminación de la bacteria tanto en el área de maternidad como en las áreas de becerras. Mantenga separadas a las vacas enfermas, limpie a profundidad los corrales de maternidad entre un parto y otro, y separe a las recién nacidas de inmediato para que no se contaminen con secreciones infecciosas o leche de la madre. Pasteurice la leche de desecho y el calostro antes del suministro, o cambie a un sustituto de leche o de calostro comercial de calidad. Mantenga el hato cerrado o estrictamente aislado, y haga pruebas de los animales nuevos, antes de mezclarlos con sus vacas.

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