

Uno de los avances más interesantes que surgió junto con las pruebas genómicas, fue la capacidad de la industria lechera para identificar y mejorar ciertas características a un ritmo más acelerado. En particular, los índices específicos que revelan características de salud, han permitido identificar oportunidades nuevas, relacionadas con la genética y la resistencia a enfermedades.
Recientemente, en un boletín del Instituto Miner, la estudiante de doctorado Victoria Blaney recordó a los lectores que la genética y el ambiente deben considerarse de manera conjunta cuando se utiliza la información de los índices para analizar el riesgo de enfermedades.
En la evaluación genética de agosto de 2026, el Consejo de Reproducción de Ganado lechero (CDCB, por las siglas en inglés de “Council of Dairy Cattle Breeding”) incorporó dos nuevas características de salud: resistencia a la diarrea (DIA) y resistencia a problemas respiratorios (RSP). Ambas características buscan identificar animales con una menor susceptibilidad a problemas comunes durante la etapa de crianza. Debido a que las becerras son la siguiente generación de animales productivos en los establos, es fundamental considerar su salud.
Estas dos nuevas características buscan reducir la incidencia de las dos enfermedades más comunes durante la crianza de las becerras. Aunque la heredabilidad de ambas características sigue siendo relativamente baja, existe un componente genético tanto en las enfermedades respiratorias como en la diarrea.
“Las becerras hijas de toros ubicados en el 10% inferior, tuvieron 1.8 veces más probabilidades de desarrollar enfermedad respiratoria y 1.9 veces más probabilidades de presentar diarrea”, escribió Blaney, citando un estudio realizado en 2024 sobre heredabilidad.
“En general, la susceptibilidad a las enfermedades durante el periodo anterior al destete está determinada por la compleja interacción entre la genética, el microbioma, el manejo y el ambiente”, continuó Blaney. “La susceptibilidad a las enfermedades está determinada por una compleja interacción entre factores heredados y ambientales, y las prácticas de manejo desempeñan un papel central en la salud de las becerras”.
Con esto en mente, Blaney recomendó firmemente considerar e implementar medidas prácticas de soporte para prevenir y controlar estas enfermedades en los establos. La nutrición, el estrés, el cuidado en las primeras semanas y las condiciones de alojamiento deben considerarse conjuntamente con las evaluaciones genéticas.
Como sucede con la mayoría de las cosas, para que estas características tengan un impacto significativo en los establos deben considerarse como una pieza más de todo el rompecabezas. Quizá este sea un buen momento para revisar los protocolos de manejo de las becerras de principio a fin y determinar dónde encajan las evaluaciones genéticas dentro de una estrategia integral de salud de las becerras en su establo.
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