

Este año, el “Simposio de Forrajes y Pasturas” de la Asociación Americana de Ciencia Lechera (ADSA) destacó los crecientes desafíos que los cambios en patrones climáticos representan para la producción de forrajes y para los establos lecheros. En muchas regiones, los productores están experimentando inviernos más húmedos, lluvias intensas más frecuentes, temperaturas más elevadas y periodos más prolongados de sequía durante el verano. Estas condiciones ambientales cambiantes están generando una mayor variabilidad en el rendimiento de los forrajes y dificultan la producción constante de alimento de alta calidad.
Las lluvias excesivas y la saturación prolongada del suelo, pueden provocar encharcamientos que reducen la salud del sistema radicular, limitan la absorción de nutrientes y aumentan el riesgo de pérdida de la pradera o del cultivo forrajero. Por otro lado, el estrés por sequía y el calor extremo pueden disminuir el crecimiento de las plantas, reducir los rendimientos y acortar la vida útil de las praderas perennes. Los fenómenos meteorológicos también afectan las labores de manejo, ya que las lluvias frecuentes pueden retrasar la cosecha y aumentar la probabilidad de pérdidas en la calidad del forraje. Además, las condiciones cálidas y húmedas favorecen el desarrollo de plagas y enfermedades, reduciendo tanto la producción como la calidad del forraje.
Las condiciones ambientales y las prácticas de manejo interactúan con la genética de los forrajes y, con frecuencia, pueden influir más que la genética del híbrido sobre la calidad del ensilado de maíz. El clima durante la temporada de crecimiento puede afectar significativamente la digestibilidad de la fibra, la acumulación de almidón, el desarrollo del grano y la calidad general del ensilado. Estos aspectos refuerzan la importancia de seleccionar híbridos bien adaptados a las condiciones locales, al mismo tiempo que se implementan prácticas eficaces de manejo del cultivo y del suelo. Mantener la fertilidad del suelo, conservar su salud y cosechar en el estado de madurez adecuado son estrategias esenciales para reducir los riesgos de producción y maximizar el valor nutritivo del forraje.
Las buenas prácticas de ensilaje cobran aún mayor importancia cuando las condiciones de cultivo no son ideales, ya que una adecuada compactación del silo es fundamental para excluir el oxígeno y favorecer una fermentación más rápida. La limpieza del equipo también es un aspecto crítico para producir un ensilado de alta calidad. Los tractores utilizados para la compactación y otras maquinarias involucradas en el proceso, pueden introducir lodo y tierra en los silos o en los montones de ensilado, incorporando microorganismos indeseables, como levaduras y mohos, que pueden comprometer la fermentación y la calidad del alimento. Aunque la temporada de cosecha suele ser muy intensa, la limpieza rutinaria de la maquinaria puede ayudar a reducir los riesgos de contaminación y favorecer una mejor conservación del ensilado.
Otro de los temas principales del simposio fue la importancia de realizar análisis rutinarios de los forrajes. Debido a que la calidad del forraje puede variar considerablemente entre parcelas, cortes, estructuras de almacenamiento y tipos de cultivo, los análisis periódicos de laboratorio son indispensables para tomar decisiones de alimentación bien fundamentadas. Los resultados precisos permiten a nutriólogos y productores formular raciones balanceadas que satisfagan los requerimientos de los animales, mejoren la eficiencia alimenticia y contribuyan al control de los costos.
Para evitar disminuciones en la producción de leche, en las tasas de crecimiento o en el desempeño general de los animales durante años con condiciones climáticas adversas, es importante evaluar otros aspectos de la calidad del forraje además de la formulación de la ración, con el fin de identificar posibles problemas. Entre los indicadores de calidad del forraje se incluyen el contenido de cenizas, que puede revelar contaminación con tierra durante la cosecha; la concentración y digestibilidad de la fibra y del almidón, que influyen directamente en la disponibilidad de energía y en el aprovechamiento del alimento.
Asimismo, se recomendó a los productores vigilar la presencia de calentamiento del forraje, deterioro, desarrollo de mohos y contaminación con micotoxinas, ya que todos estos factores pueden afectar negativamente la salud y el desempeño de los animales, en ocasiones con un impacto incluso mayor que una disminución en el valor nutritivo del forraje. Al evaluar de manera constante la calidad de los forrajes y responder oportunamente a los cambios en sus características, los productores pueden tomar mejores decisiones de manejo, incrementar la productividad del hato, mejorar la eficiencia alimenticia y aumentar la rentabilidad y la sostenibilidad de sus sistemas de producción lechera.

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